Leyendas del Fútbol

El 'pequeño Pelé del Tívoli': Enzo SCIFO.

Bélgica no ha vuelto a gozar de una figura como Scifo, con un fútbol aristocrático, ejectuado con una bella factura. Scifo no solo jugaba al fútbol, lo dibujada en cada uno de sus movimientos. En Bélgica no hay dudas: es considerado como uno de los mejores futbolistas belgas de la historia.

  14/02/2018

"Sin querer parecer pretencioso, creo que he alcanzado una edad en la que las cosas se miran con una gran perspectiva y se tiene la madurez suficiente para ser objetivo. Estoy especialmente orgulloso del éxito que he tenido, no sólo futbolístico, sino también familiar, porque tengo una gran familia. El principal punto negativo es haber perdido a mi hermano tan pronto. Era mi otra mitad. Nos compenetrábamos muy bien. Murió con sólo 42 años por un accidente laboral. Ése fue el punto negro de mi vida, porque no me parece lógico perder a un hermano tan pronto, en circunstancias así. Aparte de eso, hice lo que quería hacer y estoy rodeado de gente magnífica. Ahí radica mi éxito: en haber logrado todo lo que esperaba cuando tenía 13 o 14 años, es decir, triunfar profesionalmente y tener hijos que me aportan alegría de vivir todos los días". Son las reflexiones que de Enzo Scifo en la web de la FIFA.

Cuatro mundiales

Bélgica no ha vuelto a gozar de una figura como Scifo, con un fútbol aristocrático, ejectuado con una bella factura. Scifo no solo jugaba al fútbol, lo dibujada en cada uno de sus movimientos. En Bélgica no hay dudas: es considerado como uno de los mejores futbolistas belgas de la historia. Scifo pertenece a ese reducido círculo de jugadores que han disputado cuatro fases finales de la Copa Mundial de la FIFA, con mención especial de la edición de 1986, en la que llegó a semifinales y fue elegido mejor jugador joven del campeonato. Auque no era su vertiente más destaca, Enzo Scifo también dejó goles: 120 en 481 partidos oficiales, y 19 en 89 encuentros con la selección de Bélgica.

El 'pequeño Pelé del Tívoli', en alusión a su primer club y a los 432 goles en cuatro temporadas que llegó a marcar con el equipo juvenil del Anderlecht

Enzo Scifo aprendió a jugar al fútbol en las calles de Louvière, pueblo de Bélgica donde nació de padres sicilianos. Fue el lugar donde firmó su primera licencia en 1973 a la edad de siete años con el RAA Louviéroise Se mantuvo en el equipo hasta 1982. De joven lo llamaban "el pequeño Pelé del Tívoli", en alusión a su primer club y a los 432 goles en cuatro temporadas que llegó a marcar con el equipo juvenil del Anderlecht. El propio Scifo explica cómo fueron esos comienzos dentro del campo: "Era un niño muy bueno, que no tenía más que una idea en la cabeza: el fútbol. Jugaba todo el tiempo por las calles de mi ciudad. No era un mal alumno, pero, por culpa del fútbol, nunca sacaba las notas necesarias para aprobar fácilmente, aunque al final lo conseguía estudiando los tres últimos meses antes de los exámenes. Entre los 7 y los 12 años no tengo otro recuerdo que el fútbol. Después de la escuela, pasaba todo el tiempo jugando con los amigos. Mi formación fue la calle. Eso marcó mi estilo. No dejo de explicar a los jóvenes de hoy en día que era nuestra vida entera, y que eso fue lo que nos permitió triunfar en este deporte. Teníamos la pasión, no pensábamos en otra cosa que no fuese el fútbol. No había PlayStation, ¡sólo teníamos eso! Es la mejor escuela posible. Dar balonazos contra una pared para mejorar continuamente los gestos, jugar entre los coches, aprender a controlar en el momento adecuado... ¡Y jugar durante horas y horas! Es eso, no hay otro secreto".

Con un talento innato para este deporte, fue acumulando goles y jugadas geniales con los juveniles, de modo que enseguida captó la atención del gran club de la capital, el Anderlecht. Su debut como profesional a la edad de 17 años tuvo enorme resonancia. En absoluto impresionado por aquel baño de multitudes, se instaló en un abrir y cerrar de ojos al volante del equipo líder del campeonato belga, con el que perdió la final de la Copa de la UEFA contra el Tottenham en la tanda de penales. En apenas dos temporadas se convirtió igualmente en el titular del dorsal número 10 de los Diablos Rojos.

"Fue Arsène Wenger quien me dijo un día que todos los futbolistas jóvenes pasan este tipo de dificultades, y es cierto. Eso quiere decir que los entrenadores tienen un papel muy importante en esos momentos, para ayudarles a superar esa etapa"

El cambio

Su visión de juego, calidad de pase y olfato goleador permitieron al Anderlecht cosechar tres títulos ligueros consecutivos, de 1985 a 1987. Al mismo tiempo, Scifo condujo a Bélgica hasta semifinales de la Copa Mundial de la FIFA México 1986. Después, consideró que ya lo había hecho todo en su país y decidió expatriarse.

¿Por qué? "Me sentía feliz, sí, pero al mismo tiempo no tanto, porque vi cómo llegaba muy pronto. Ya tenía varios años de primera división a cuestas, me había distinguido, y es posible que ya no me esforzase igual por mejorar. Los 20 años fueron el periodo más difícil de mi vida. Duró hasta los 22, y empecé a recuperarme a los 23. Tuve la suerte de encontrar a las personas adecuadas, que me convencieron de que no iba bien. Cuando lo entendí, me cuestioné lo que hacía y volví a esforzarme como un loco. Todo eso hizo que me reencontrase. Ahora, cuando veo a un muchacho que atraviesa problemas, en lugar de echarle la culpa intento entender si sigue estando motivado. Si lo está, trato de ayudarle y de explicarle lo que yo viví.Fue Arsène Wenger quien me dijo un día que todos los futbolistas jóvenes pasan este tipo de dificultades, y es cierto. Eso quiere decir que los entrenadores tienen un papel muy importante en esos momentos, para ayudarles a superar esa etapa".

Esa época Scigfo ya era un ídolo en su país, pero tenía un reto: triunfar en Italia, el país de sus padres Llegó al Inter de Mlán, donde chocó con una situación que no esperaba. Las grandes estrellas del equipo de Milan le frenaron de golpe, jugando solo 28 partidos. En ninguno de esos partidos se vio al Scifo de Bélgica. Decidió cambiar de rumbo y de colores, vistiendo los Girondins de Burdeos. Sus ilusiones, sin embargo, volvieron a caer en saco roto: tras unos inicios alentadores, fue desapareciendo poco a poco lastrado tanto por las lesiones como por sus conflictivas relaciones con algunos de los miembros del equipo.

"Hice lo que quería hacer y estoy rodeado de gente magnífica. Ahí radica mi éxito: en haber logrado todo lo que esperaba cuando tenía 13 o 14 años"

Pero quedaba una oportunidad más. En 1989 fue captado por el entrenador francés Guy Roux, quien le convirtió en organizador de "un gran club entre los medianos". Como medio centro en la medular de tres hombres, Enzo recuperó el tono y enamoró a la afición. Y la confianza recuperada le permitió lucirse a las mil maravillas con los Diablos Rojos en la Copa Mundial de 1990 celebrada en Italia.

Consagración y complicaciones

Estimulado por sus dos excelentes temporadas en Borgoña, en 1991 volvió a probar fortuna en el calcio enfundado en el uniforme del Torino, con el que levantaría la Copa de Italia en 1993. Acto seguido, regresó al campeonato francés para defender el escudo del AS Mónaco, donde su genio se confabuló con su madurez. ¿Cómo se sentía en aquella época?

Es una edad en la que uno ya se encuentra más bien al final de su carrera, pero tengo un buen recuerdo de mis 30 años, cuando era más maduro. En cualquier caso, empecé a vivir de verdad a los 30. A esa edad ya se tienen argumentos suficientes para imponerse. Hay una experiencia, varios años de paternidad, una salud financiera que permite sentirse cómodo... Me gustaron mucho mis 30 años".

Durante cuatro temporadas, sobre todo la de 1997 en la que se proclamaría campeón de liga, Scifo reinó en el Principado y forjó definitivamente su reputación de gran señor en los campos franceses.

Las estrellas belgas del próximo Mundial de Rusia pasaron por sus manos: fue seleccionador desde la Sub 17 hasta la Sub 21.

En la selección nacional, el panorama de aquellos tiempos fue menos rosado. Bélgica naufragó en los octavos de final y la primera ronda de las Copas Mundiales de 1994 y 1998, respectivamente, quedando muy lejos de sus hitos precedentes, a imagen de su conductor de juego, cuya pésima relación con el seleccionador Georges Leekens echaría leña al fuego de estos fracasos.

Durante cuatro temporadas, sobre todo la de 1997 en la que se proclamaría campeón de liga, Scifo reinó en el Principado y forjó definitivamente su reputación de gran señor en los campos franceses.

En la selección nacional, el panorama de aquellos tiempos fue menos rosado. Bélgica naufragó en los octavos de final y la primera ronda de las Copas Mundiales de 1994 y 1998, respectivamente, quedando muy lejos de sus hitos precedentes, a imagen de su conductor de juego, cuya pésima relación con el seleccionador Georges Leekens echaría leña al fuego de estos fracasos.

Y, de la noche a la mañana, colgó las botas para ser entrenador del Charleroi. "Mi carrera de futbolista había terminado, pero empezaba otra vida, que supe abordar con una gran determinación y experiencia. Llevo muy bien la presión que conlleva el oficio de entrenador. El estrés nunca me ha desestabilizado, todo lo contrario. Soy una persona muy tranquila, así que cuando siento algo de estrés eso me dispara".

Luego pasó a las categorías inferiores. Desde la Sub 17 hasta la Sub 21, enun rol que disfrutaba cada día". Sabemos que nuestra selección nacional es un ejemplo. Scifo vaticinó lo que iba a ocurrir: "Si lo hacemos bien, el fútbol belga puede seguir así durante los próximos diez o quince años". Los Hazard, De Bruyne y compañía pasaron por las manos del mayor talento belga de la historia.

Redacción: Sergio Fernández