Las pretemporadas son para el verano.

Por Álex Couto. Entrenador UEFA PRO

  04/09/2019

Las pretemporadas son para el verano

Periodizar un ejercicio o año futbolístico implica distribuir los contenidos generales y específicos del trabajo en tres etapas determinadas: período preparatorio, período competitivo y período de descanso. Al menos así nos lo hemos tenido que aprender. Dentro de cada período la distribución de contenidos iban vinculados a los objetivos fundamentales que se pretendían  cubrir, definiendo el modelo de entrenamiento y la estructura de equipo en función de la planificación estratégica que configuraba nuestra manera de entender cómo jugar.

Realmente hoy día hemos abierto el abanico de posibilidades y la rigidez argumental, la fundamentación teórica ha dejado paso a una interpretación del desarrollo del proceso de entrenamiento más dinámico, menos constreñido, más fluido. Y gracias a ello hemos sido capaces de darnos cuenta de que muchas de las sentencias que definían las bases de cada período o mesociclo de entrenamiento han quedado ancladas en el pasado, ¿o no?

La PRETEMPORADA ha sido una de las etapas que más han evolucionado a lo largo de los últimos años. De hecho se han ido rompiendo barreras y tópicos que han permitido afrontarlas sin tanto drama, sin ningún tipo de reparo.

Hoy día, como norma general, los jugadores vuelven a los procesos de entrenamiento después de vivir su período vacacional dentro de unos patrones ordenados, con trabajos específicos que facilitarán su vuelta a la competición, previo paso de un proceso adaptativo que a medida que avanza, los va acercando a niveles de rendimiento adecuados para salir a competir con garantías. Al menos ese es el objetivo, (al margen de viajes intercontinentales, torneos internacionales, cambios en los hábitos de descanso y variabilidad de horarios…).

La pretemporada ha dejado de ser ese período en donde cargamos las pilas de los jugadores para el resto de la temporada. Esa etapa en la que se llenan los depósitos a base de volumen de trabajo con incrementos de intensidades progresivas. Hemos aprendido que la pretemporada es un punto de partida, el momento a partir del cual el jugador vuelve al proceso de entrenamiento para adaptar su organismo a las primeras exigencias físicas y fisiológicas, para afrontar las demandas psicológicas y específicas en las mejores condiciones posibles tras un descanso organizado. La pretemporada es el punto de partida para empezar a configurar el equipo, consolidar las relaciones, establecer las bases de convivencia y adaptar nuestra capacidad individual a un contexto grupal y finalmente de equipo. Resumiendo mucho, la pretemporada es una sucesión de semanas de entrenamiento en la que nuestra meta se fija en la primera fecha del calendario de competición, ese día el equipo ha de ser capaz de salir a competir como consecuencia de una cohesión general de todas las estructuras que conforman a un jugador y sobre todo, de todas las estructuras que configuran a un equipo.

Evidentemente, la posibilidad de entrenar y adaptar las sesiones a los objetivos particulares de cada microciclo, nos permite programar actividades diferentes a las que haríamos en el período competitivo. Aquí las urgencias no son tan acuciantes, al menos no deberían serlas y la coordinación entre los planteamientos condicionales y físicos, psicológicos, técnicos y tácticos nos permite afrontar desarrollos más amplios y dinámicos. Todavía sigue siendo una etapa en la que el preparador físico y su equipo de colaboradores toma la iniciativa general, pero cada vez más la adaptabilidad a los esfuerzos y exigencias pasan por una combinación de factores que ayudan a cada jugador a completar su cuadro particular de objetivos: fortalecerse físicamente para competir el mayor número de partidos posibles o al menos tratar de ser competitivo el mayor tiempo posible, fortalecer la voluntad del esfuerzo unido a la consolidación de la conducta debida para afrontar el reto de competir para finalmente asimilar las misiones tácticas definidas en la estrategia general del equipo que aborda de manera sistemática cómo debemos jugar, cómo debemos interrelacionarnos con nuestros compañeros de línea y de flanco para incrementar nuestras probabilidades productivas.

En estas fechas el gran aliado de nuestro trabajo, aunque parezca mentira, es el error. Él nos muestra el camino y nos dirige hacia la solución. Por ello, todo lo que ocurre conviene.

Afortunadamente hemos dejado atrás esas pretemporadas de carreras continuas infernales, (algunos envueltos en plásticos para reducir volumen, ¡qué barbaridades se hacían!), hemos cambiado la playa y la montaña por el campo de entrenamiento y hemos sacado el gimnasio al aire libre para dar protagonismo a todo aquello que nos permite ser mejores, fortalecernos, reducir el riesgo de lesiones y asimilar los procesos específicos de fútbol que nos ayude a ser competentes y competitivos el primer partido del año y sentar las bases individuales, grupales y de conjunto para evolucionar adecuadamente.

Si por alguna razón todavía vives pretemporadas de pleno sufrimiento, párate un minuto y piensa que algo pasa, porque con el sufrimiento no se asimila, no se generan conductas motivantes, solo se solicita a nuestra voluntad una tolerancia a un dolor que el deporte no demanda. Si por alguna razón vives en este rango de sensaciones, frena, una pretemporada no sirve para dotarnos de energía futura, sirve para enfrentarnos al deporte en las condiciones adecuadas para ser competitivos el día del partido.