Carlos Bianchi, el "VIRREY" del fútbol.

Por Juanjo Vila. Director FÚTBOL-TÁCTICO

  04/09/2019

Carlos Bianchi, el "VIRREY" del fútbol

La carrera futbolística de Carlos Bianchi, fue muchísimo más exitosa como entrenador que como jugador. Pero no podemos olvidar que, aunque para muchos fuese un perfecto desconocido como jugador, sus marcas anotadoras le convirtieron en el máximo goleador argentino de torneos nacionales en todo el mundo, solo superado por Leo Messi en el 2018. Era un delantero demoledor, efectivo y con poderoso olfato para el gol.

En esa brillante carrera Bianchi anoto lo friolera cifra de 385 goles en 546 partidos disputados en competición liguera. 206 de ellos conseguidos con Vélez Sarsfield en el campeonato argentino, 115 en el Stade de Reims, 71 en el PSG y 11 en el Racing de Estrasburgo, equipos de la liga francesa donde militó varias temporadas. Además, y a pesar del paso del tiempo sigue siendo el máximo goleador de la historia de Vélez. Todo ello sin contar los 7 goles conseguidos en la selección argentina, y otro tipo de torneos.

Pero lo que es indudable es que el “Virrey”, apodado así por el famoso periodista Víctor Hugo Morales, siempre será reconocido más como técnico que como jugador.

Su carrera en los banquillos comenzó en Francia en 1984 en el Stade de Reims, Paris Saint Germain, OGC Nice y terminaría su periplo francés volviendo al PSG.

A partir de 1993 vuelve a Argentina, donde no dejaría nunca de acaparar titulares y títulos, tanto en Vélez como en Boca Juniors. Entre sus innumerables éxitos está el ser el técnico con más títulos locales en Argentina, poseedor del record de partidos invicto con un club argentino, 40 partidos con Boca sin conocer la derrota. Ser el entrenador con más Copas Libertadores, una con Vélez y tres con Boca y como no, el DT con más Copas del Mundo de Clubes (antes Intercontinental) en 1993 con los del barrio porteño de Liniers y luego tres con los propietarios de la Bombonera. Un honor que comparte con un solo técnico en el mundo, un tal Pep Guardiola.

Siempre después de su exitoso triunfo en ambos clubes argentinos, Bianchi abordó el triunfar en el extranjero, algo que se le negó en la Roma italiana y en el Atlético de Madrid en España. Quizás debido a la exigencia de sus métodos, rígidos e innegociables que no permitieron esa adaptación como técnico al fútbol europeo. Roberto Trotta, defensor argentino que militó en la Roma llego a manifestar…. “Carlos no te imponía cosas, pero quería que hicieses lo que él realmente quería”, imposición harto difícil en la cultura italiana del calcio, tan cerrada y poco abierta a cambios en esa época. O bien porque no se le dio el tiempo suficiente para obtener el rendimiento de sus equipos, tanto en Vélez como en Boca sus triunfos se fraguaron donde el Virrey tenía un recorrido sobrio, y el trabajo continuado daba paso a la estabilidad para obtener los resultados exitosos.

Para muchos la gestión del grupo y su carácter fueron siempre las claves de su éxito. Hace años tuve la oportunidad de leer el libro “Carlos Bianchi, el ultimo virrey” de Miguel Ángel Rubio, que por cierto les recomiendo a todos, para conocer los secretos de uno de los entrenadores más exitosos del mundo del fútbol e indagar en sus pensamientos.

En dicho libro sale a la luz la fuerte personalidad de Bianchi, pero también la tranquilidad que transmitía al grupo en los momentos de mayor tensión. Un técnico que no se casaba con nadie, que siempre sabía buscar las asociaciones de jugadores necesarias en el grupo para obtener la máxima efectividad, o el encontrar en los momentos más complicados a jugadores que no eran habituales para sustituir a titulares sin que el rendimiento del grupo disminuyese. Algo que con el tiempo fue evidente en la gran cantidad de futbolistas que una vez traspasados no consiguieron el mismo beneficio sobre el campo que con Bianchi.

Su filosofía según él era simple, decía que no le gustaba complicar las cosas al jugador, que había jugado al fútbol antes que ellos y que por eso no trataba de complicar la vida a sus jugadores. Podía aceptar cualquier cosa de ellos, que jugaran bien o mal o que fueran un desastre pero que lo que nunca les perdonaría es que no lo diesen todo sobre el terreno de juego. No admiraba a ningún técnico en particular, porque por haber estado muchos años en el fútbol entendía que todos dependemos en un 70 u 80 por ciento de los jugadores y luego del dinero que se pude contar para realizar fichajes, así de simple.

El legado de su paso por el fútbol como entrenador deja una frase lapidaria para cualquier técnico, “para haber ganado tantas cosas, hace falta un grupo inteligente y positivo”.