Ral

Editorial de la Edición  6

- Raúl /

¿Quién tendrá el antídoto para mejorar el fútbol chileno?

En los últimos meses Chile se ha visto envuelto en varios episodios extradeportivos. Lo primero fue el estallido social, que comenzó el 18 de octubre de 2019. La situación fue tal que, finalmente, el torneo nacional se dio por finalizado antes de tiempo y la Universidad Católica se coronó, por primera vez en su historia, como bicampeón en campeonatos largos. Con Gustavo Quinteros a la cabeza, ahora en Xolos de Tijuana, el conjunto cruzado logró urdir una de las mejores campañas de su historia y, de paso, alcanzó un nivel con el que sobrepasó con creces a cada uno de sus rivales. La Católica culminó el torneo con una diferencia sustancial al resto de los equipos. Jugadores clave como Matías Dituro, Luciano Aued, Edson Puch y José Pedro Fuenzalida desequilibraron la balanza en favor de los estudiantiles.
El mérito -claramente- es de la directiva encabezada por Juan Tagle. Un trabajo sostenido, serio y bien hecho rinde frutos año a año. Para este 2020, el argentino Ariel Holan tomó las riendas del equipo y ya la Universidad Católica sigue sacando ventajas por sobre sus rivales. Hace algunas semanas, el COVID 19 o Coronavirus se expandió por todo el mundo. Haciendo un parangón, el fútbol chileno -en forma sostenida- no ha logrado encontrar el antídoto para lograr un rendimiento óptimo en el plano internacional.
El flamante campeón chileno, en la Libertadores, no ha logrado dar en el ancho. Acá, en el país, la Católica saca ventajas abismales, pero en el plano internacional deja mucho que desear. Fue sobrepasado en Brasil por el Inter y en casa, América de Cali se dio otro festín a costa de los universitarios. Un virus que tiene totalmente diezmado a los equipos nacionales en este plano.
Otro problema que deja el virus de la poca continuidad de los procesos afectó a Colo Colo. El equipo albo tuvo durante 14 meses a Mario Salas como entrenador. Un técnico que nunca pudo afirmarse al mando del cuadro popular y que sólo ganó un título: la Copa Chile 2019 ante la Universidad de Chile. La rebelión del “Comandante” no pudo ser así y su paso fue sin pena ni gloria. Finalmente, el divorcio entre Salas y los jugadores se hizo latente, lo que desembocó en su salida del club.

Ante ello, la directiva de los albos también ha tenido que lidiar con la enfermedad que, al parecer, no quiere dejar al fútbol chileno: los malos resultados a nivel internacional y la baja calidad que tiene la liga local. Un entrenador de renombre, campeón del mundo con Brasil y ganador de varios títulos con Palmeiras, como Luiz Felipe Scolari le cerró la puerta en la cara a los directivos de Colo Colo, que, incluso, viajaron a Florianópolis para poder sellar la contratación de “Felipao”. Sin embargo, él decidió no venir a Chile. En la misma sintonía han desfilado nombres como el de Jorge Almirón, Gustavo Alfaro, Martín Lasarte, Diego López, entre otros. Todos prefieren desistir.

La enfermedad futbolística y de escueto nivel también repercute a nivel de directivos. Chile cuenta con líderes como Sebastián Moreno, que, hasta el momento, carece de una solidez para dirigir los destinos del fútbol chileno y, en varios pasajes, ha demostrado que no está lo suficientemente capacitado para dirigir los destinos de la actividad.
Otro argumento para reafirmar que estamos contagiados con malas prácticas es lo que ocurrió este mercado de fichajes con Érick Wiemberg. El lateral izquierdo, uno de los más destacados de 2019, defendió la camiseta de Unión La Calera. El defensa pertenece a Deportes Valdivia y fue cedido a préstamo para jugar en el cuadro cementero dirigido en ese entonces por Francisco Meneghini.
La campaña de Wiemberg fue tan buena que la Universidad de Chile y Colo Colo tenían al jugador en la mira para este 2020. Sin embargo, el dirigente de la ANFP, Martín Iribarne se aprovechó del poder que le entrega un puesto en la testera del fútbol chileno e intercedió en favor de La Calera con el fin de presionar al jugador, para que fichara definitivamente por dicho club. Actualmente, el dirigente está siendo investigado de forma interna en Quilín, pero ha pasado tanto tiempo que su caso, al parecer, continuará en una extendida cuarentena.

El único antídoto que de momento entrega el fútbol chileno corre por parte de los equipos sin tanta repercusión mediática. El ya mencionado La Calera, ahora con Juan Pablo Vojvoda como entrenador, es uno de los que mejor fútbol muestra en el torneo local y en plano internacional. Una propuesta cimentada con una columna vertebral conformada por el arquero Alexis Martín, la experiencia de Santiago García en la defensa, el deslumbrante juego de Juan Leiva y el vértigo de Gonzalo Castellani. A ello se le suma el atrevimiento de su entrenador por alinear al joven Esteban Valencia, quien pasó a ser uno de los valores a seguir en el país.

Otro caso es el de Audax Italiano. Meneghini, ex espía de Jorge Sampaoli, está a la cabeza del proyecto deportivo. Dejó en el camino a Cusco FC en la Sudamericana y cuenta con un plan de trabajo cimentado en la explosión y la presión alta en su esquema de juego. El delantero Rodrigo Holgado y la solvencia de un regular Iván Ledezma le entregan las armas para estar peleando arriba.
Igualmente, Curicó Unido ha mostrado cosas con Nicolás Larcamón como entrenador. Apeló a la experiencia de algunos refuerzos como José Rojas y Diego Vera. A ello se suma la explosión de Franco Bechthold y el buen juego de Facundo Castro. Otro que cumple con el buen rendimiento es Unión Española con Ronald Fuentes a la cabeza. Un equipo que, con el paso de las fechas, va articulando su esquema con figuras como Mario Sandoval, primo de Charles Aránguiz, más la desfachatez en el campo de Carlos Palacios, un juvenil que si es bien llevado dará que hablar en el futuro. También los laterales Juan Pablo Gómez y Luis Pavez Muñoz le dan profundidad a la propuesta ofensiva.

El antídoto para dejar atrás los virus en el fútbol chileno, en esta ocasión, está llegando desde las instituciones más chicas. Claramente, los tres más grandes tienen mucha tarea por hacer. Prueba de ello es lo de la Universidad de Chile, que debe dejar atrás los fantasmas de 2019 e impregnarse con la mística de antaño. Al menos Hernán Caputto logró urdir su plantel con los jugadores que él pidió y que le entregan ese sello perdido en el tiempo. Walter Montillo, Matías Rodríguez y Joaquín Larrivey tienen esa misión. De los formados en casa, Camilo Moya es todo lo que un jugador de la “U” debe demostrar.

Así está el fútbol chileno en un tiempo de cuarentena. Es de esperar que la cosa mejore lo antes posible en beneficio del espectáculo y del nivel de la competencia. Si no se encausa rápidamente la situación, Chile será uno de los países con una de las ligas más deficientes del continente. Es cosa que los encargados aclaren sus objetivos, dejen de lado sus malas prácticas y se preocupen sólo de la actividad. ¿Será que estamos pidiendo mucho?. Ustedes saquen sus propias conclusiones.